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OcioVigo
actualidad · 02 de octubre de 2026

Cuando una máquina sustituye a una persona: cinco despidos abren el debate sobre el futuro de los supermercados de Vigo

La transformación del Eroski de Fernando el Católico ha supuesto la salida de cinco trabajadoras y plantea una pregunta difícil: ¿hasta dónde puede avanzar la automatización sin dejar atrás a quienes viven de esos puestos de trabajo?

Cuando una máquina sustituye a una persona: cinco despidos abren el debate sobre el futuro de los supermercados de Vigo

Hay cambios que se anuncian como una mejora para el consumidor y que, vistos desde otro lado, tienen un rostro mucho más difícil.

Entrar en un supermercado y encontrarse con una fila de cajas automáticas puede parecer una imagen más de la evolución tecnológica. Escanear los productos, pagar con tarjeta y marcharse sin que nadie pase la compra por caja es rápido y sencillo. Para las empresas, además, supone una transformación de la forma de organizar sus establecimientos.

Pero detrás de cada puesto que desaparece hay una persona.

Y en Vigo, esa transformación acaba de tener un coste concreto: cinco trabajadoras del supermercado Eroski de la plaza de Fernando el Católico han sido despedidas tras la reforma del establecimiento.

No son simplemente cinco puestos de trabajo que aparecen en una estadística. Son cinco personas, cinco nóminas y, potencialmente, cinco familias que tienen que afrontar ahora la incertidumbre de haber perdido su empleo.

Cinco trabajadoras que dejaron de tener sitio tras la reforma

El supermercado de Fernando el Católico fue sometido recientemente a una reforma en la que se modificó el modelo de funcionamiento del establecimiento. Algunas de las secciones que anteriormente estaban atendidas por trabajadores pasaron a funcionar bajo un sistema de libre servicio.

Entre ellas se encontraban panadería, charcutería y carnicería.

El comité de empresa, integrado por CIG, CCOO, UGT, Fetico y CGT, denunció en septiembre que cinco trabajadoras recibieron cartas de despido después de que la dirección hubiera comunicado inicialmente que la remodelación no supondría rescisiones de contratos y que el personal sería recolocado en otros establecimientos.

Los sindicatos se concentraron ante el supermercado para reclamar su readmisión y anunciaron que continuarían con las movilizaciones y las acciones judiciales.

Más allá del conflicto laboral y de las posiciones de cada parte, el caso pone sobre la mesa una realidad que empieza a ser cada vez más habitual: determinados trabajos están desapareciendo o transformándose a medida que las empresas incorporan nuevas tecnologías y modelos de autoservicio.

El progreso también tiene un coste

La automatización no es nueva. Las máquinas llevan décadas sustituyendo determinadas tareas que antes realizaban personas. Las cajas automáticas son solamente uno de los ejemplos más visibles de un proceso mucho mayor.

Los bancos redujeron el número de empleados que atienden en ventanilla. Las aplicaciones permiten hacer trámites que antes requerían acudir físicamente a una oficina. Las máquinas expendedoras sustituyeron algunas tareas y, ahora, la inteligencia artificial amenaza con transformar profesiones mucho más cualificadas.

El progreso tecnológico puede aportar eficiencia, reducir tareas repetitivas y hacer determinados procesos más rápidos.

Pero existe una pregunta que resulta mucho más incómoda:

¿qué ocurre con las personas cuyo trabajo deja de ser necesario?

Porque una empresa puede sustituir una caja atendida por una máquina en cuestión de días. Para la persona que trabajaba detrás de esa caja, encontrar un nuevo empleo puede llevar meses.

Y esa diferencia es precisamente la parte humana del debate.

No se trata de estar contra las máquinas

El debate tampoco tiene por qué plantearse como una batalla entre trabajadores y tecnología.

Las cajas de autopago pueden ser útiles. Hay clientes que las prefieren, especialmente cuando llevan pocos productos, y los nuevos sistemas pueden permitir que los trabajadores se concentren en otras tareas dentro del establecimiento.

El problema aparece cuando la transformación tecnológica se traduce directamente en pérdida de puestos de trabajo sin alternativas para quienes los ocupaban.

En el caso de Eroski en Vigo, la representación sindical sostiene precisamente que las trabajadoras podrían haber sido recolocadas en otros establecimientos y cuestiona que se haya optado por el despido.

La empresa, por su parte, está desarrollando un proceso de transformación de su modelo comercial. El caso concreto de Vigo deberá resolverse también en el ámbito laboral y judicial, por lo que algunas de las cuestiones denunciadas por los sindicatos deben entenderse como sus posiciones dentro del conflicto.

Pero hay algo que trasciende a este supermercado.

¿Quién paga el precio de la transformación?

La pregunta no es si debemos utilizar máquinas. Probablemente sea imposible detener una transformación tecnológica que afecta ya a prácticamente todos los sectores.

La pregunta es cómo hacemos esa transformación.

Porque si una máquina permite que una empresa haga el mismo trabajo con menos personas, existe un beneficio evidente para la organización. Pero también aparece una responsabilidad: qué ocurre con los trabajadores que dejan de ser necesarios, si pueden ser recolocados, si reciben formación para desempeñar otras funciones o si simplemente son despedidos.

En el supermercado de Fernando el Católico, cinco personas han quedado en medio de ese proceso.

Cinco historias personales que no conocemos. Cinco vidas que hasta hace poco estaban vinculadas a un trabajo que dejó de encajar en el nuevo modelo del establecimiento.

Y cinco familias que, independientemente de cualquier debate sobre productividad, tecnología o modernización, tienen ahora que afrontar las consecuencias.

El supermercado del futuro, ¿con quién dentro?

Quizá dentro de unos años resulte completamente normal entrar en un supermercado y no encontrar prácticamente ninguna caja atendida. Quizá las máquinas sean capaces de identificar automáticamente todo lo que llevamos en el carro y realizar el cobro sin que tengamos que hacer prácticamente nada.

La tecnología seguirá avanzando.

La cuestión será entonces qué lugar ocupan las personas.

Porque el progreso no debería medirse únicamente por cuántas tareas somos capaces de automatizar, sino también por nuestra capacidad para conseguir que quienes pierden su puesto de trabajo no sean simplemente considerados una consecuencia inevitable del cambio.

En Vigo, cinco trabajadoras han puesto rostro a ese debate.

Y detrás de esos cinco despidos no hay únicamente cinco puestos menos en la plantilla de un supermercado.

Hay cinco personas. Y, detrás de ellas, cinco familias.

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