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OcioVigo
actualidad · 14 de octubre de 2026

Eiras cae al 42% y revive el fantasma de las grandes sequías de Vigo: así se recuperó el embalse en el pasado

El embalse que abastece a Vigo pierde cinco puntos en una semana y queda con 50 días de margen. Las sequías de 2003, 2011 y 2017 muestran cómo se recuperó en el pasado.

Eiras cae al 42% y revive el fantasma de las grandes sequías de Vigo: así se recuperó el embalse en el pasado

El embalse de Eiras, situado en Fornelos de Montes y principal fuente de abastecimiento de agua de Vigo, vuelve a encender las alarmas. Sus reservas se encuentran en el 42% de su capacidad, después de perder cinco puntos porcentuales en apenas una semana. La ausencia de precipitaciones suficientes durante los últimos meses ha llevado al pantano a una situación excepcionalmente delicada, con un margen de suministro que el Concello cifra en 50 días en condiciones normales de consumo.

El paisaje que deja la retirada del agua es también una señal visible de la sequía. Los terrenos que habitualmente permanecen sumergidos vuelven a quedar al descubierto mientras el embalse continúa perdiendo volumen sin que las lluvias hayan conseguido invertir la tendencia.

Aunque el 42% constituye un mínimo histórico para este periodo del año, Eiras ya ha registrado niveles inferiores durante sequías anteriores. En octubre de 2003 llegó al 35,23% y, en diciembre de 2017, descendió hasta el 37,12%. La situación actual vuelve a situar el abastecimiento de Vigo ante un escenario que la ciudad conoce de otras crisis hídricas, pero cuya evolución depende ahora de la llegada de precipitaciones persistentes.

Esta situación se suma a la de septiembre, cuando Vigo empezó a ayudar a Baiona con agua pese a los bajos niveles de Eiras.

2003: la sequía que dejó Eiras por debajo del 36%

Uno de los precedentes más significativos se encuentra en el otoño de 2003. El 14 de octubre, el embalse alcanzó el 35,23% de su capacidad, uno de los registros más bajos documentados en su historia. La situación ya era preocupante semanas antes: el 22 de septiembre, las reservas se encontraban en el 43,35%.

Aquel episodio estuvo marcado por la escasez de lluvias y obligó a adoptar medidas para reducir el consumo. Entre ellas figuraban la supresión del baldeo de las calles y las limitaciones en el riego de jardines, actuaciones destinadas a preservar el agua almacenada para los usos esenciales.

La recuperación no fue inmediata. Las precipitaciones tardaron en llegar y el nivel del embalse no superó el 65% hasta marzo del año siguiente. Sin embargo, 2004 terminó siendo un año especialmente lluvioso, lo que permitió dejar atrás la crisis y recuperar las reservas.

La experiencia de aquel episodio dejó una lección importante: cuando el déficit de precipitaciones se prolonga durante meses, no basta con esperar a que llueva unos días. La recuperación depende tanto de la cantidad de agua caída como de su continuidad y de los aportes que recibe la cuenca del embalse.

2011: el agua volvió a poner en alerta al área metropolitana

Ocho años después, Vigo volvió a enfrentarse a una situación de escasez durante otro periodo prolongado de tiempo seco. En octubre de 2011, Eiras llegó a situarse alrededor del 44% de su capacidad y la bajada del nivel dejó al descubierto restos de una antigua aldea que había quedado sumergida tras la construcción de la presa.

El episodio volvió a poner sobre la mesa la dependencia de Vigo y de varios municipios de su entorno de un sistema de abastecimiento muy condicionado por las precipitaciones. La preocupación no se limitaba a la ciudad: localidades conectadas a la red, como Cangas, Moaña, Redondela y Mos, también dependían de las reservas disponibles.

En aquel momento se estudiaron distintas alternativas para reforzar el suministro, entre ellas captar agua de los ríos Verdugo y Oitavén y conducirla hacia la red de abastecimiento. La posibilidad de incorporar recursos adicionales pretendía reducir la vulnerabilidad del sistema cuando la falta de lluvias coincidiese con una demanda elevada.

La crisis de 2011 también mostró los límites de las soluciones de emergencia: las nuevas captaciones y conducciones podían ayudar a sostener el suministro, pero requerían estudios, acuerdos entre administraciones y actuaciones técnicas.

2017: una borrasca elevó las reservas en pocos días

Si existe un ejemplo reciente de cómo puede cambiar la situación de Eiras en cuestión de jornadas, ese es el de diciembre de 2017. Después de meses de sequía, el embalse llegó a caer hasta el 37,12% de su capacidad, por debajo del anterior mínimo histórico registrado en 2003.

La situación cambió con la llegada de la borrasca Ana, que dejó precipitaciones abundantes en Galicia. En apenas unos días, el nivel de Eiras pasó de aproximadamente el 37% al 73,4%, más del doble de las reservas que tenía antes de aquel episodio de lluvias.

La rápida recuperación alivió la preocupación por el abastecimiento y puso de manifiesto la importancia de las precipitaciones en la cuenca que alimenta el embalse. La borrasca no solo frenó el descenso, sino que permitió recuperar una parte sustancial del agua perdida durante los meses anteriores.

Sin embargo, aquel episodio no demuestra que cualquier lluvia vaya a producir el mismo efecto. La respuesta de un embalse depende de la intensidad y la duración de las precipitaciones, de la humedad del terreno, de la escorrentía y del caudal que aportan los ríos. Por eso, las lluvias débiles o aisladas pueden resultar insuficientes para recuperar unas reservas que llevan meses disminuyendo.

¿Por qué las lluvias recientes no consiguen recuperar Eiras?

El descenso actual no responde únicamente a la ausencia de un gran temporal. La clave está en el desequilibrio entre el agua que entra en el embalse y la que sale para atender las necesidades de abastecimiento y mantener los caudales correspondientes en los ríos.

Cuando las precipitaciones son escasas durante semanas o meses, los ríos que alimentan la presa reducen sus aportes. Si al mismo tiempo continúa el consumo habitual, las reservas siguen disminuyendo, incluso cuando se producen episodios puntuales de lluvia.

Además, el agua caída no llega íntegramente al embalse. Parte queda retenida en el suelo, otra se infiltra y solo una fracción termina incorporándose a los cauces. Por eso, una jornada lluviosa no garantiza una subida inmediata del nivel del pantano.

En este contexto, la evolución de Eiras durante las próximas semanas estará condicionada por la llegada de lluvias continuadas y por la gestión de los recursos disponibles. Las previsiones meteorológicas a corto plazo no apuntan, según la información trasladada por el Concello, a precipitaciones suficientes para resolver de inmediato la situación.

El ahorro y las alternativas de abastecimiento, claves para afrontar la sequía

Mientras las reservas continúan descendiendo, las medidas de ahorro permiten reducir la presión sobre el embalse. Durante los episodios de sequía anteriores se limitaron usos no esenciales, como el riego de jardines y el baldeo de calles, y se plantearon alternativas para reforzar el abastecimiento.

En julio de 2026, Vigo activó la prealerta por sequía y anunció restricciones en determinados usos municipales del agua, entre ellas la suspensión de baldeos, la limitación de riegos y el cierre de fuentes ornamentales y duchas de playa.

A más largo plazo, se han estudiado diferentes opciones para mejorar la garantía de suministro a Vigo y al sur de la provincia de Pontevedra. Entre las alternativas figuran nuevas captaciones en la confluencia del Verdugo y el Oitavén, una pequeña presa complementaria y una impulsión de agua desde el Miño hacia el embalse de Zamáns. Se trata de actuaciones planteadas para reforzar el sistema, no de recursos que puedan darse por disponibles de forma inmediata.

La situación actual vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de un sistema que depende en gran medida de las lluvias. En 2003, 2011 y 2017, las sequías obligaron a extremar la vigilancia y buscar soluciones, aunque cada episodio tuvo una evolución diferente.

Ahora, con Eiras al 42% y cinco puntos menos que hace una semana, la cuestión fundamental es si las precipitaciones de otoño llegarán con suficiente continuidad para frenar el descenso y recuperar las reservas antes de que el margen de suministro se reduzca todavía más.

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