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OcioVigo
evergreen · 18 de septiembre de 2026

Que no te den gato por liebre: cómo diferenciar las volandeiras de las zamburiñas

Parecen iguales, pero no lo son: la concha, las orejas y el nombre científico de la etiqueta te dicen si lo que hay en el plato es volandeira o zamburiña.

Que no te den gato por liebre: cómo diferenciar las volandeiras de las zamburiñas

A simple vista pueden parecer prácticamente iguales, pero volandeiras y zamburiñas no son la misma especie. Ambas pertenecen a la familia de los pectínidos y tienen un aspecto muy parecido, algo que ha hecho que durante años exista cierta confusión en pescaderías, restaurantes y en las propias cocinas.

La diferencia no está únicamente en el tamaño o en el precio. Hay varios detalles de la concha que permiten distinguirlas si sabemos dónde mirar.

La clave está en la concha

La volandeira (Aequipecten opercularis) es una especie diferente de la zamburiña (Chlamys varia). La propia Consellería do Mar de la Xunta señala que la volandeira tiene las dos valvas cóncavas, con las llamadas «orejas» de distinto tamaño y asimétricas. Su color puede variar entre tonos pardos, rosados, rubios o anaranjados.

La zamburiña, por su parte, presenta una concha más irregular y características diferentes en sus valvas y orejas. Precisamente por su parecido, la Xunta incluye las tres especies —vieira, zamburiña y volandeira— dentro de sus materiales divulgativos sobre los pectínidos gallegos.

Volandeira (Aequipecten opercularis): valva por fuera, con las orejas junto a la bisagra
Zamburiña (Chlamys varia, hoy también citada como Mimachlamys varia): valva por fuera
Zamburiñas negras servidas en su concha

Volandeira: más abundante y muy parecida

La volandeira suele ser más abundante que la zamburiña y, según la Xunta, es habitual que se comercialice utilizando el nombre de esta última. También es frecuente encontrarla en conserva o congelada.

Una pista visual importante es observar las dos pequeñas prolongaciones que tiene la concha junto a la bisagra, conocidas como orejas. En la volandeira son claramente asimétricas: una es mayor que la otra.

Además, sus dos valvas son cóncavas, algo que ayuda a distinguirla cuando se tiene el ejemplar completo delante.

¿Y cómo es la zamburiña?

La zamburiña auténtica es Chlamys varia. Su concha suele presentar una apariencia más irregular y unas características morfológicas distintas de las de la volandeira.

El problema aparece especialmente cuando el producto llega ya limpio, preparado para cocinar o sin una de las dos valvas. En esos casos, distinguirlas únicamente por el aspecto de la carne resulta mucho más complicado.

Por eso, si queremos saber exactamente qué estamos comprando, una de las mejores referencias es mirar la información comercial del producto.

No te fijes solo en el precio

Que una pieza sea más pequeña, más grande o tenga un determinado color no basta por sí solo para identificarla. Tampoco significa que una especie sea necesariamente de peor calidad que la otra: son especies diferentes y ambas tienen interés gastronómico.

La confusión tiene además una explicación comercial. La documentación de la Xunta recoge expresamente que la volandeira es más abundante que la zamburiña y que se comercializa habitualmente con el nombre de esta última.

Por eso, si en una pescadería, restaurante o envase queremos asegurarnos de qué especie estamos comprando, conviene buscar el nombre científico.

Una pista que no falla: el nombre científico

Si aparece:

  • Aequipecten opercularis → volandeira
  • Chlamys varia → zamburiña

Esta es la forma más segura de diferenciarlas cuando la identificación visual no resulta evidente.

Además, en la comercialización de productos pesqueros es importante prestar atención al etiquetado. La información comercial debe permitir conocer, entre otros datos, el nombre de la especie y su procedencia.

Volandeira y zamburiña: parecidas, pero no iguales

La próxima vez que tengas delante una bandeja de estos moluscos, fíjate primero en la forma de la concha y, especialmente, en sus orejas. Si el ejemplar está completo, estas características permiten obtener muchas más pistas que el tamaño o el color.

Y si todavía quedan dudas, hay una solución mucho más sencilla: mirar el nombre científico en la etiqueta.

Porque sí, pueden parecerse muchísimo. Pero una Aequipecten opercularis y una Chlamys varia no son lo mismo. Saber diferenciarlas permite comprar con más información y, sobre todo, llamar a cada producto por su nombre.

Si lo tuyo es comerlas más que comprarlas, aquí tienes dónde comer marisco en Vigo.

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